Por: Lorena Santa Cruz
lorenaisantacruz@gmail.com
El Padre Domingo Bresci es el Sacerdote de la Iglesia “San Juan Bautista Precursor”. La Parroquia también es conocida como el “Templo Justicialista” y se encuentra en el barrio de Parque Saavedra. Parido por el peronismo, ya no conserva sus rasgos originarios, actualmente se pueden ver casas estilo chalets, se fue convirtiendo también en un barrio de clase media y media alta.
Al termino del “Padrenuestro”, el Cura alienta a los pocos concurrentes de sábado a la noche, a saludarse mutuamente y desearse la paz. A diferencia de otras misas, en las que los Sacerdotes se quedan en el Altar en ese momento, él baja y saluda a la mayoría de los asistentes.
La Parroquia es sencilla, su Altar es humilde, tiene unos vitraux con imágenes de San Juan Bautista y Jesús. En el frente, una iluminación bien colocada deja ver una placa de mármol que consagra la fundación del Templo a la obra social del Peronismo. En el interior, otra placa de mármol recuerda la inauguración.
La misa termina con las palabras acostumbradas: “Pueden ir en paz”. El Padre Domingo sale y espera en la puerta a que los demás salgan para saludarlos con un beso. Sabe los nombres de la mayoría.
La entrevista se desarrolla en su oficina. Un escritorio sobrio, dos sillas negras y un antiguo sillón conviven con una foto enmarcada en donde están Eva y Juan Domingo Perón junto a un Sacerdote. El Padre se sienta en el sillón de dos cuerpos y responde con un léxico de intelectual pero con la humildad del que sabe dar.
Periodista: -¿Con qué finalidad cree Usted que Eva Perón fundó esta Iglesia?
Padre Domingo Bresci: – Como sede religiosa de la Fundación Eva Perón que estaba extendida en todo el país y en la cual se adherían, con la cual colaboraban más de sesenta sacerdotes, más de ciento veinte religiosas en sus propias Capillas o en oratorios que se hacían en las obras de la Fundación. Y aquí fundó parte de un barrio que tenía todo, centros comerciales, escuelas, correo, farmacias, garage, taller mecánico para el barrio. Pero que lo central era la vida de la comunidad, el autoabastecimiento porque estaba lejos de centros comerciales. Pero al enviarlo ella al Padre Benítez, eso es otra curiosidad, a los Sacerdotes en las Iglesias los nombra la Curia, pero acá lo nombró Eva Perón y después la Curia enojada tuvo que ratificarlo porque Evita no iba no iba a permitir que le pusiera a un Cura, la Curia que no coincidiera con el proyecto de ella. Así que ya ahí eso mostraba el temperamento de ella como el de Benítez que estaba de acuerdo con eso. Pero esto es como si fuera la Catedral, la sede religiosa de la Fundación Eva Perón, el lugar central.
P: – El hecho de que no perteneciera a la Curia, si no que perteneciera al Estado ¿fue la forma de Perón o de Eva Perón de darle un revés a la Iglesia?
DB: – No, no, no. Lo que pasa es que todo lo que hacía la Fundación era propiedad de la Fundación. Y todo el barrio y la Iglesia, la Curia no había puesto un peso para hacer esto. Si, a veces el Estado hace y le dona, pero en este caso se reservaba la propiedad. Hay muchas propiedades, no tantas ahora, pero propiedades de la Iglesia que son propiedad del Estado. En el ´59 cuando viene la Revolución Libertadora y lo echan al Padre Benítez empieza toda una puja para que la Curia se quedara con esto. La Revolución Libertadora quería hacerle todos los favores que la Iglesia le pedía, se expropia de todos los bienes de la Fundación y le cede en uso, no en propiedad, en uso. Porque para cederle la propiedad tenía que haber una disposición del Congreso y el Congreso estaba cerrado entonces hacen un decreto: “Disposición para uso religioso por cien años”. Pero queda esa disputa pendiente hasta hoy, en la que yo he hecho trámites porque el Estado ya no tiene interés de quedarse con esto y regularizar la situación edilicia. No le afecta a uno ni a otro, simplemente para regularizar los terrenos, un edificio, para que quede bien esto, redondo.
P: – Es decir, que ¿lo que sería del Estado son los terreros?
DB: – No, el edificio, todo. La casa parroquial, el Templo, todo lo que hay adentro los bancos, los ornamentos. Todo.
P: – ¿Y ahora quien designa al Sacerdote, la Diócesis?
DB: – Ahora después, que lo echaron a Hernán Benítez siempre fue la Curia.
P: – ¿Y después del Padre Benítez que Sacerdote vino?
DB: – Vino un Padre que se llamaba Lombardero que estuvo durante cuarenta y dos años. Del ´57 hasta el ´99 y después cuando él falleció, yo. Es decir, desde el 2000 hasta ahora, yo soy el Párroco.
P: – ¿Cómo fue la gestión del Padre Lombardero, siendo que lo había designado la Curia y en ese momento estaba la Dictadura Militar?
DB:- Y él vino a contramano de la realidad del barrio. Por decir lo menos, él no era Peronista. Y durante muchos años no se llevó bien con la gente. Pero como era un tipo bastante abierto, bastante dado, se fue conquistando a la gente y después también la gente, con tantos años que no hubo gobiernos peronistas se fue diluyendo la cosa, se fue acostumbrando y ya después de tantos años la gente era distinta. De hecho hoy habrá menos del diez por ciento de los habitantes originarios del barrio. En el barrio hay dos mil doscientas personas, cuatrocientas veinte casa, es decir, cuatrocientas veinte familias. No sé si habrá veinte de aquella época. Hoy cambió la fisonomía social y política del barrio.
P: -¿Cuándo vino la dictadura quiso sacar a la gente de sus casas?
DB: – Algunas en particular, porque eran dirigentes sindicales, porque no estaban al día con el pago de las cuotas. Este barrio aunque digan que era el barrio de los militares no era así, era un barrio al que podía acceder la gente trabajadora a través de los sindicatos. Después en lo que decidía Evita por la inmensa cantidad de cartas que le mandaban. Y siempre se privilegiaban madres con muchos hijos, madres solteras o familias que trabajaban y podían reunir una cierta cantidad de dinero para pagar su cuota en el Banco Hipotecario. Había algunos que no pagaban, parece y otros que eran dirigentes entonces la Libertadora buscaba la excusa para echarlos. Hubo una represión muy fea para la gente de parte de los militares de aquella época.
P: – Usted rescató documentación y placas que había ocultado el Padre Benítez de la Dictadura, ¿con qué se encontró?
DB: – Claro, si, si. A partir de que yo vine hace más de nueve años. A mi me gusta todo esto de la historia y como ves esto tiene mucha historia. Esto tiene que ver en particular con la historia del Peronismo y con Evita. Fui averiguando con estas personas que todavía viven, después con gente que se acercó por su cuenta. Y bueno, una familia que fue la que cuidó al Padre Benítez los últimos años de su vida, tenía guardado en sus casas dos placas de mármol que estaban en el frente de la Iglesia donde está inscripta la fecha, la dedicatoria del Templo a la obra social de Perón, por ejemplo. Esas dos placas de mármol, el Padre Benítez las sacó para que nadie las robara ni las rompiera. Y después una placa de bronce que estaba debajo de un busto de Evita que había enfrente al Templo en la plaza. Eso como objetos. Y después papeles del Padre Hernán Benítez, relatos de sus cosas, de cómo había hecho el emprendimiento, las dificultades que tuvo. Estos papeles de intercambio cuando la Libertadora le quiso sacar todo, el Padre Hernán Benítez dice no, la casa es mía. La Curia ahí intermedia, la Curia lo quiere sacar para nombrar a otro Cura y el Padre se pelea. Todas esas cosas están en cartas que él escribió y que yo encontré en acá.
P: – ¿Había cartas de Evita también?
DB: – No, no, no. No las encontré. Seguramente habrá, pero no aquí. Porque él después de acá, en el ´57 hasta el ´96 que él murió, vivió en la Panamericana y Melo en un chalecito, y ahí tenía todos sus recuerdos. Pero eso es inviolable, nadie puede acceder a los papeles que él tenía muy ordenados. Si, sí, él era intimo amigo de Perón, de Evita mientras se construía el barrio y después que se construyó, Perón y Evita venían en moto. Desde Libertador y Agüero, o desde la calle Posadas en donde vivían venían al barrio a ver como estaba la construcción. Después cuando se construyó, saludaban a la gente y después tomaban un café con el Padre Benítez acá. Está esa foto – el Padre señala una foto enmarcada, blanco y negro, en donde se ve a Eva Perón y a Juan Domingo Perón saludando a un Sacerdote – la que otra gente me dio, ese es el día de la inauguración del Templo. Está Perón, está Evita con 30 años, el Padre de blanco es un Padre mercedario amigo de Perón, el Padre Gaynor y ahí escondidito detrás de Perón está el Padre Hernán Benítez. Bueno esa foto también, me la dieron hace unos meses. Pero de super casualidad, ni sabían si era de acá. Me la dieron para saber si sabía. Sí era, detrás decía la fecha y el candelabro que hay atrás, es exactamente el que hay acá. Y así van apareciendo cosas. Y después una puerta chiquita, del costado que da para el patio. Esa puerta es mitad puerta falsa y mitad se abre. Es una puerta doble con una arcada, una puerta se abre y se cierra para pasar de la Iglesia al patio y la otra está fija, en la parte fija ésta familia que me dio las placas de mármol y la placa de bronce, me dijo que ahí había una inscripción del Padre Benítez. El gran descubrimiento es esto, esta señora casada, con hijos, vivía acá enfrente y sus padres limpiaban la parroquia, lo atendían al padre, le hacían la comida. El gran descubrimiento es que exista esta familia porque es un recuerdo vivo, más que los objetos. Y el otro día que hicimos la misa por Evita, el domingo pasado, ella me comentaba esto de la moto, que yo no sabía y me confirmó que Perón y Evita venían acá y paraban acá enfrente, de que este Padre era Gaynor, que venía seguido en un autito a charlar con el Padre Benítez. Entonces uno va reconstruyendo así como vienen las cosas. Bueno es una historia. Esta chica es una historia viviente. Ella me contó de la puerta y en definitiva, rompí el piso, abrí la puerta fija, y ahí escrito en latín y en castellano hay una inscripción hecha a mano por el Padre Benítez con tinta china que se conserva indeleble. En donde pone cuando vino a la Parroquia, cuando celebró la primera misa, por quien celebró la primera misa. Quienes eran sus ayudantes. Está todo escrito. Esta es la recuperación de una historia. Una historia particular por su relación con el Peronismo, en particular con Evita.
P: -¿Usted además fue compañero del Padre Mugica?
DB: – Si fui compañero de él en el Seminario y después compañero de actividades en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo durante muchos años.
P: – ¿Qué actividades hacían en el Movimiento?
DB: – El Movimiento surgió en el ´67 adhiriendo a un documento que habían hecho dieciocho Obispos del Tercer Mundo, de Brasil, África, Asia y Oceanía, ninguno de Argentina. Donde, junto con la renovación de la Iglesia que se presentaba en ese momento, planteaban que la Iglesia tenía que apoyar los proyectos para una sociedad más justa, más equitativa, no capitalista. Ahí abría un espectro para qué tipo de sociedad se podría ir definiendo. Que ya estaba en sus comienzos a través de varias experiencias en muchos de estos continentes, los procesos de lucha contra el colonialismo sobre todo. El Movimiento Sacerdotes de Argentina se inspira en ese documento lo aprueba y forman un movimiento, no una organización ni un partido, que llevara a la práctica estos ideales, estos proyectos de este documento. Así a partir de eso el Movimiento se vincula con sectores universitarios, de trabajo, la villa, el interior y se pronuncia frente a la Dictadura, por el tema de los Derechos Humanos, los presos políticos. En esos años del ´69 hasta el ´75 cualquier acontecimiento, reclamo social, debate que había, ahí estaba este grupo de Sacerdotes que en todo el país llego a reunir cuatrocientos adherentes, pero yo diría que por lo menos doscientos cincuenta en todo el país y en todas las provincias eran activos. Esto de participar activamente frente a los hechos que pasaban. Un comedor universitario en Corrientes, la zafra en Tucumán, El Chocón, lo que venga. La actitud era estar junto a la gente que reclamaba o proponía cosas en esa línea, de una transformación social. Después ya en el `75, a Mugica lo matan en el `74, ya estaba actuando la Triple A junto con grupos militares, todavía no se manifestaban. Toda la dirigencia, toda la militancia se empieza a retraer, a cuidar, a proteger y el Movimiento también. Hay muchos curas que son asesinados, curas que se exilian, curas que van presos, que son torturados. Eso impacta sobre el Movimiento, ni siquiera nos podemos reunir. Cuando viene la Dictadura, ya en el `76 es imposible hacer nada con el Movimiento.
P: – ¿Y en su caso como lo trató la Dictadura?
DB: – Me trato…bueno, desde el momento que estoy vivo, digamos que me trató bien. Porque no se sabía, a cualquiera por cualquier cosa le podía pasar algo. Bueno, yo tuve amenazas concretas que como muchos otros que tratamos de manejar, no pasaron de amenazas. Pero estabamos impedidos de reunirnos, tener cierta precaución de adonde íbamos, con quien estabamos, se suspendieron todas las reuniones sociales y políticas en las que habitualmente participábamos. Así que me sentí totalmente coartado, pero como miles de dirigentes y sectores del país. Lo más que tuve fue una amenaza bastante pesada que no se concretó, y para que no me pasara nada me decían que me fuera del país, me proponían. Yo les dije que no, yo no me voy del país. Y acá estoy, podría no estar.
P: – Teniendo en cuenta los principios sobre los que se basaba el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, ¿eso fue lo que los acercó al Peronismo?
DB: – Bueno, claro, en la medida, como en otros países, otros grupos de sacerdotes, en la medida que nosotros… primero era una cosa, una visión que el sistema capitalista no daba más respuestas a las necesidades y a las aspiraciones de la gente, que cada vez había más injusticia, más explotación, ese era el diagnostico. Y acá, ¿quién se había resistido?, ¿quién había luchado contra eso? Mucha gente, pero mayoritariamente y por más años, de un modo más enérgico el Peronismo en su conjunto, esto no quiere decir que aceptábamos todo lo que decía el Peronismo, ni que estuviéramos de acuerdo con Perón en todo ni con todos los dirigentes, pero si el Peronismo en cuanto representaba al pueblo, al pueblo trabajador, al pueblo pobre, que eran nuestros dos ejes. Acá en Argentina los trabajadores del pueblo se expresaban políticamente a través del Peronismo. Entonces el Movimiento como quería estar junto al pueblo. Mugica había nacido en una casa Antiperonista, se fue haciendo peronista al estar en la villa y ver esto. Donde encontraban un cause los pobres, donde encontraron alguna realización en la historia, en el Peronismo. Donde podían resistir, en el Peronismo. Quien les iba a dar algo más que otro, el Peronismo. Entonces como movimiento el Peronismo, como hecho histórico, cultural. Nosotros criticábamos más que otros la corrupción que había en algunos sectores del Peronismo, las traiciones del Peronismo, de peronistas. Pero eso no era excusa para no reconocer lo que había hecho el Peronismo como tal en Argentina y lo que podía hacer. Por eso, Mujica con otros sacerdotes se acerca a Perón en Madrid, lo va a visitar en el `69 y después cuando Perón vuelve a la Argentina, él es invitado especial para acompañarlo en su regreso. Porque pensaba que Perón, por todo lo que él había visto y por todo lo que habíamos visto nosotros colmaba las expectativas de cambio de la gente. Ningún otro, todos los que habían venido después de Perón habían sido peores, habían puesto en peor situación a la gente, tanto gobiernos civiles como militares. Entonces la esperanza estaba en que volviera aquel Peronismo que se había vivido. Esa fue nuestra adhesión al Peronismo.
Archivos para 21 mayo 2009
Por: Lorena Santa Cruz
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Después de dos años de ausencia vuelven los talleres de Historia al Club S.A.B.E.R (Sociedad Agronomía y Biblioteca El Resplandor). Los encuentros se van a realizar los primeros sábados de cada mes. Este año los organiza Fernando Belvedere, Director del Portal de Parque Chas (http://www.parquechasweb.com.ar). En el contexto del aniversario de los noventa años del nacimiento de Eva Duharte de Perón, comenzaron con la proyección de la película “Evita, quien quiera oír que oiga” de Eduardo Mignona. Como invitada especial estuvo Graciela Maglie, Socióloga y colaboradora en la escritura del guión del documental con mezcla de ficción.
El Club S.A.B.E.R. se encuentra en Llerena 2727 en el mítico barrio de Parque Chas, en la Ciudad de Buenos Aires. Fue fundado por Juan Pariani Casalnuovo en 1926. Y alberga una histórica Biblioteca llamada “El Resplandor”, que nació de la mano de la familia Pariani y que en sus comienzos exhibió libros anarquistas. En la Dictadura sufrió un atentado con bomba, según cuenta Nilda Pariani, conocida como Pirucha, contadora, ex Bibliotecaria y hermana del fundador.
Además es sede de la Junta de Estudios Históricos de Parque Chas, cuya Directora es María Isabel Pérez.
Como cualquier club de barrio brinda diferentes actividades como Karate, clases de Tango, fútbol y es lugar de encuentro para los vecinos. Las paredes marrones y las luces psicodélicas con bola espejada del salón principal invitan a realizar fiestas. Alguien dejó tres globos rosas colgados. Es allí en donde se realizó el primer encuentro de Historia.
La concurrencia fue variada había desde personas de la tercera edad, adultos, jóvenes y niños. La cita era gratuita, se repartió café, charlas y debate posterior junto con Graciela Maglie, quien contó su experiencia en la participación en la película y habló largamente del Peronismo, no sin intervenciones fervorosas por parte del público mayor.
La apertura de las actividades fue dada por Susana Borda, actual Directora del Club y por Fernando Belvedere, quien habló sobre Mignona, director del film y oriundo del barrio.
Entrar al S.A.B.E.R. es acceder a otra época. El telón de pana bordiaeux le da un aspecto teatral, y es que en sus comienzos era punto de reunión de bohemios y artistas, además de los militantes de izquierda. La ilusión se corta con la enorme pantalla de proyección y los micrófonos, pero renace con el comienzo de la película. Mignona muestra a una Evita de quince años, encarnada por Flavia Palmiero, que inicia su viaje en tren desde Junín a Buenos Aires mientras las imágenes de la verdadera y los testimonios sitúan en la época.
Según el Director del Portal de Parque Chas para el próximo encuentro espera al periodista Hernán Brienza, autor del libro “El loco Dorrego, el último revolucionario” y a Osvaldo Bayer autor de los libros de “La Patagonia Rebelde”. También aguarda la confirmación de Juan Cabandié, quien tiene un proyecto de Ley para que se cambien los nombres de las calles que llevan el de genocidas. La próxima reunión será el sábado 6 de junio, también a las cuatro de la tarde y juntará el aniversario del nacimiento del Coronel Manuel Dorrego y la celebración del Día del Periodista.
De la calle a la escuela
Por: Lorena Santa Cruz
El Centro Educativo Isauro Arancibia, funciona en el tercer piso del edificio de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA). Es la única escuela que brinda educación a niños, jóvenes y adultos en situación de calle. Sus docentes pueden enseñar allí gracias a la buena voluntad de la UOCRA, pero el período del préstamo se agota. A mediados de este año deben dejar el edificio. El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires les prometió una sede propia en Parque Patricios, pero la Directora Susana Reyes opina que por ahora sólo son palabras y promesas.
Desde 1998 que el colegio no cuenta con edificio propio. Funcionó en varios lugares, en Independencia y Piedras, luego en la calle 15 de Noviembre y Entre Ríos en un edificio del Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI) y desde el 2007 la UOCRA les presta el tercer piso de la sede de Humberto Primo 2260 de la Capital Federal en la que funciona actualmente.
En este momento el edificio de la UOCRA se encuentra en refacción Viendo sus paredes grises de cemento y el polvillo en el aire no se puede pensar en que allí haya una escuela. La entrada estaría desierta si no fuera por un par de albañiles escurridizos y los dos señores de la mesa de informes que intentan sintonizar un antiguo aparato de radio. A pesar de que por fuera, el edificio parece nuevo, por dentro tiene un aspecto de película de terror. Las paredes son grises, algunas viejas y manchadas, otras con revoque reciente. La oscuridad se cuela por cada hueco. Las escaleras no tienen iluminación, y el ascensor posee dos rejas corredizas que invitan a otro tiempo, quizás más combativo. En el tercer piso está el Isauro Arancibia, allí funcionan los talleres y las clases normales, junto con una maternidad. A diferencia de los pisos inferiores allí reina el bullicio y la música se cuela entre el gris. La Dirección se deja ver a través de sus paredes de vidrio. En ella, una junta de docentes que rodean la mesa se concentra en silencio para calificar a los alumnos. Una mujer de ojos claros llama la atención entre los demás profesores. Posee una sonrisa de madre comprensiva en un cuerpo de adolescente. Tiene el cabello enrulado y la voz melodiosa, es Susana Reyes, el alma de esta escuela.
La conversación con Susana se desarrolla en el cuarto piso, ya que los alumnos están en clase de música. Dos sillas enfrentadas invitan a la charla. Y es que Susana tiene mucha historia. Fue militante en los años setenta, su tarea estaba abocada a la alfabetización en villas. La Dictadura la secuestró junto a su compañero, y él nunca más volvió.
En 1998 se formó el Centro Educativo Isauro Arancibia y en sus comienzos contaba con quince estudiantes. Pronto, comenzaron a llegar los alumnos con su “rancheada”, como dice Susana usando su misma jerga, y debieron sumar docentes. Todo se fue formando según las necesidades del momento. De una escuela de adultos debieron transformarse en una que también pudiera educar a niños. Y así adquirieron un programa de educación tradicional, con los niveles que conforman la misma.
La educación que se ofrece es formal, los alumnos egresan con título y diploma. Esta escuela no sólo les brinda la posibilidad de aprender a leer y a escribir, si no que como dice Susana “acá son mirados, queridos, aceptados, nombrados con su nombre, eso es lo que te hace ser persona”. En este espacio no se los denomina “chicos de la calle”, porque los docentes entienden que decir que son de la calle es negar la responsabilidad que tenemos como sociedad. “Son hijos de todos los que gozamos de una vida mínimamente digna, o los despedazamos como quieren hacer con la baja de imputabilidad, o los incorporamos, los educamos y los queremos como a nuestros niños”.
La escuela no sólo les brinda conocimiento si no que hace que esos chicos no estén en la calle de lunes a viernes de 9 a 16 si no que vayan a aprender. Actualmente cuenta con ciento veinte estudiantes, entre jóvenes, adultos y niños y con diecinueve bebés en la guardería. Los alumnos, en su gran mayoría, no tienen hogar. Su situación es tan precaria que duermen y viven en la calle, literalmente. Muchos de ellos provienen de las estaciones de Constitución, Once, Retiro, de Institutos de Menores, de hogares y de organizaciones sociales. En la escuela reciben tres comidas, el desayuno, el almuerzo y una vianda. También realizan varios talleres, entre ellos: panadería, radio y confección de ropa.
Susana hace hincapié en que la tarea del Isauro Arancibia es formar un nexo entre ellos y la sociedad. Contarles que un pedazo de este país les pertenece. Por tratarse de un grupo excluido no son representados en ningún lugar. Y a través de los talleres, la idea es que tengan su propia voz. El año pasado, filmaron varios cortos que ganaron premios, transmiten su propio programa de radio y editan su periódico. Desde la escuela quieren darles las herramientas para que comprendan que la realidad no es la que muestran los medios, que la realidad también es la suya y que ellos pueden y deben hacerla conocer a los demás.